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Los Misterios Dolorosos Meditados

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En esta ocasión traemos los misterios dolorosos meditados y es que rezar el rosario es muy importante, pero es mucho mejor si meditamos cada una de las lecturas mientras rezamos cada ave María. Quédate y hagamos juntos el Rosario bíblico. 

Los Misterios de Dolor Meditados

A continuación te dejamos cada misterio doloroso meditado con su respectiva lectura bíblica.

Primer Misterio Doloroso Meditado

La agonía en el Huerto

Padrenuestro.

Así llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní y les dijo: sentaos aquí mientras yo voy allá a orar; y comenzó a entristecerse y angustiarse. (Mt. 26; 36, 37). Avemaría.

. Y exclamó: siento en mi alma angustias de muerte. Aguardad aquí y velad conmigo. (Mt. 26, 38). Avemaría.

Adelantándose unos pasos y cayendo rostro en tierra, pedía a Dios que, a ser posible, hiciera que no sonase para El aquella hora. (Mc. 14, 35). Avemaría.

Padre, si quieres, aparta de Mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya. (Lc. 22, 42). Avemaría.

Se le apareció entonces un Angel del Cielo infundiéndole valor. (Lc. 22, 43). Avemaría.

Y, poseído de angustia mortal, oraba con mayor intensidad. (Lc. 22, 44). Avemaría.

Y sudó como gruesas gotas de sangre, que iban corriendo hasta la tierra. (Lc. 22, 44). Avemaría.

Y volviendo a sus discípulos, los encontró durmiendo; dijo a Pedro: ¿Con que no habéis sido capaces de estar una hora en vela conmigo?. (Mt. 26, 40). Avemaría.

Velad y orad para no caer en la tentación. (Mt. 26, 41). Avemaría.

Cierto que la voluntad está pronta, pero el cuerpo es débil. (Mt. 26, 41). Avemaría.

Gloria al Padre.

Segundo Misterio Doloroso Meditado

La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo

Padrenuestro.

Después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿eres Tú el Rey de los Judíos?. (Mc. 15, 1-2). Avemaría.

Respondió Jesús: mi Reino no es de este mundo. Tú lo dices: Yo soy el Rey. (Jn. 18, 36). Avemaría.

Para esto he nacido Yo y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad. (Jn. 18, 37). Avemaría.

Pilato dijo a los Sumos Sacerdotes y a la gente: ningún delito encuentro en este hombre. Así que le castigaré y le soltaré. (Lc. 23; 4, 16). Avemaría.

Tomó entonces Pilato a Jesús y lo mandó azotar. (Jn. 19, 1). Avemaría.

Tras arresto y juicio fue arrebatado. Y de su causa, ¿quién se preocupa? Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias. (Is. 53; 8, 3). Avemaría.

Fue oprimido, y Él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco El abrió la boca. (Is. 53, 4). Avemaría.

Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. (Is. 53, 5). Avemaría.

¡Y con todo eran nuestras dolencias las que El llevaba y nuestros dolores los que soportaba!. (Is. 53, 4). Avemaría.

Él soportó el castigo que nos trae la paz y con sus llagas hemos sido curados. (Is. 53, 5). Avemaría.

Gloria al Padre.

Tercer Misterio Doloroso Meditado

La Coronación de Espinas

Padrenuestro.

Los soldados lo condujeron dentro del atrio, o sea, al pretorio, y le vistieron de púrpura. (Mc. 15, 16; Mt. 27, 28). Avemaría.

Y trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña. (Mt. 27, 29). Avemaría.

Después doblaban la rodilla delante de El, y le hacían burla diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!. (Mt. 27, 29). Avemaría.

Y le escupían y le quitaban la caña para golpearle en la cabeza. (Mt 27, 30). Avemaría.

Salió Pilato otra vez fuera, y les dijo: mira, os lo voy a sacar fuera para que sepáis que no encuentro en El culpa alguna. (Jn. 19, 4). Avemaría.

Salió entonces Jesús fuera, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. (Jn. 19, 5). Avemaría.

Les dice Pilato: aquí tenéis al Hombre. Ellos decían: ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!. (Jn. 19; 5, 15). Avemaría.

Pues, ¿qué mal ha hecho? Y ellos cada vez más fuerte gritaban: ¡Crucifícalo! . (Mc. 15, 14). Avemaría.

. ¿A vuestro Rey voy a crucificar? Replicaron los Sumos Sacerdotes: no tenemos más rey que el César. (Jn. 19, 15). Avemaría.

Entonces lo puso en sus manos para que lo crucificasen. Se apoderaron, pues, de Jesús. (Jn. 19, 16). (Lc. 2, 19). Avemaría.

Gloria al Padre.

Cuarto Misterio Doloroso Meditado

Jesucristo con la cruz a cuestas y camino al Calvario

Padrenuestro.

Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a si mismo. (Lc. 9, 23). Avemaría.

Tome su cruz cada día, y sígame. (Lc. 9, 23). Avemaría.

Y Él llevando su cruz salió en dirección del lugar llamado Calvario, en arameo, “Gólgota”. (Jn. 19, 17). Avemaría.

Y, según lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, y le cargaron con la cruz para que la llevase detrás de Jesús. (Lc. 23, 26). Avemaría.

. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí. (Mt. 11, 29). Avemaría.

Que yo soy manso y humilde de corazón. (Mt. 11, 29). Avemaría.

Y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. (Mt. 11; 29, 30). Avemaría.

Le seguía una gran muchedumbre de pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y hacían duelo por El. (Lc. 23, 28). Avemaría.

Jesús, volviéndose a ellas dijo: hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. (Lc. 23, 28). Avemaría.

Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?. (Lc. 23, 31). Avemaría.

Gloria al Padre.

Quinto Misterio Doloroso Meditado

La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor

Padrenuestro.

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron ahí a Jesús. (Lc. 23, 33). Avemaría.

Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. (Lc. 23, 34). Avemaría.

Uno de los ladrones crucificados con Él decía: Jesús acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino. (Mt. 27, 44; Lc. 23; 39, 42). Avemaría.

Jesús le dijo: Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso. (Lc. 23, 43). Avemaría.

Jesús, viendo a su Madre, y junto a Ella al discípulo que El amaba. (Jn. 19, 26). Avemaría.

Dijo a su Madre: mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo he ahí a tu Madre (Jn. 19, 26-27). Avemaría.

Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo. (Jn. 19, 27). Avemaría.

El sol se oscureció y el velo del templo se rasgó por la mitad. (Lc. 23, 45). Avemaría.

Y Jesús, con una voz fuerte, exclamó: Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu. (Lc. 23, 46). Avemaría.

Inclinó la cabeza y entregó el Espíritu. (Jn. 19, 30). Avemaría.

Gloria al Padre.

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